Los pies nos sostienen y nos mueven… ¡cuídalos con un buen calzado!

Para muchas personas es intrascendente, se ven como accesorios, pero, a decir verdad, el tipo de calzado que se utiliza, es clave para un buen andar y, mejor, una perfecta salud. Esto debido a que, el cómo y con qué calzado caminamos repercute notablemente sobre otras áreas del cuerpo, muchas de ellas inimaginables o ignoradas.
Los pies, son la parte anatómica y dinámica del organismo, permiten que el ser humano pueda mantenerse erguido durante toda su vida, se desplace, corra, baile o salte, todo ello, en algún calzado en particular; veintiséis huesos, 33 articulaciones, 19 músculos, numerosos vasos sanguíneos y nervios y más de 100 tendones son los elementos que permiten a los pies realizar sus seis movimientos fundamentales: flexión, extensión, aducción, abducción, pronación y supinación. Pero, lo que más sorprende a los podólogos y ortopedistas de esta parte del cuerpo es su capacidad para adaptarse cómodamente a todos los terrenos que pisa. Por lo que, es importante elegir un calzado que los cuide de la mejor manera posible y, por el contrario, no los dañe.
¿Quién, de forma repentina, no ha sufrido un esguince de tobillo y ha tenido que caminar sufriendo las consecuencias de ello? Dolores de espalda, cabeza, cuello e, incluso, insoportables malestares en las rodillas. Expertos aseguran que, de una u otra forma, el calzado no deja de cumplir un rol clave en esto. Sin mencionar que, por culpa de un zapato inadecuado, suelen aparecer deformaciones o enfermedades en los pies como juanetes, pie plano, dedo de martillo, callosidades, callos, durezas, uñas encarnadas y diversos procesos inflamatorios.
La Asociación Española de Medicina y Cirugía del Pie asegura que, un 70% de las personas padecen algún tipo de enfermedad podal, por lo que, elegir un calzado adecuado es el primer paso para evitarlas. Y es que, es común comprar zapatos dejándose llevar por la moda, la estética e, incluso, la ocasión y, expertos aseguran que, se dejan a un lado dos aspectos esenciales: la funcionalidad del calzado, que sirvan para el propósito pensado, porque no es lo mismo un zapato para solventar la lluvia que uno para ir al supermercado, andar en la casa o ir al parque a caminar; y en segundo lugar la comodidad: que sean fáciles de llevar, se adapten al pie y no le hagan daño.
Además, como lo asegura el doctor Joseph María Carnero, podólogo y secretario del Colegio de Podólogos de Cataluña, se debe elegir el calzado, con una única finalidad: estar cómodo. Igualmente, es indispensable tomar en cuenta los siguientes aspectos al momento de comprar calzado: calidad del material, flexibilidad del empeine y altura del tacón, si lo tiene.
El 70% de las mujeres que utilizan tacón alto padecen envejecimiento prematuro de los discos de la columna, contractura en los músculos de las pantorrillas e intolerancia a caminar.
En la actualidad, a un sin fin de mujeres les encantan los tacones, “me siento más segura y más atractiva con ellos”, se dice. Y es cierto, el calzado, además de su función primaria, proteger el pie en el caminar, cumple otras funciones de carácter estético y simbólico, sin embargo, su uso es el que se debe vigilar. Al grado que, según la Academia Americana de Cirugía Ortopédica, afirma que ocho de cada diez mujeres en Estados Unidos tienen problemas con su calzado, debido a que no lo eligen conforme su salud y condición física.
En este mismo sentido, el doctor Jesús Contreras Nájera, del Instituto Mexicano del Seguro Social, destacó que, en México, el 70% de las mujeres que utilizan un calzado inadecuado padece envejecimiento prematuro de los discos de la columna, contractura en los músculos de las pantorrillas e intolerancia a caminar.
Carlos San Martín, secretario de la Escuela de Podología de la Universidad Complutense de Madrid, asevera que un buen tacón debe tener, como máximo, tres centímetros y ha de ser ancho; agrega que, el calzado con tacones altos y estrechos provocan inestabilidad en el cuerpo, afectando la columna vertebral y ocasionan problemas en el talón y deformidad en los dedos del pie, toda vez que, este tipo de calzado, suele ser estrecho en su parte delantera, obligando a que, el peso del cuerpo, se recargue en la parte posterior del pie. Sin mencionar, la propensión a sufrir problemas de circulación graves, retención de líquidos, hinchazón y edemas, causantes de varices, estrías y celulitis.
Así mismo, es frecuente que el calzado de tacón alto sea abierto y de empeine bajo, lo que provoca que, muchas mujeres, elijan una talla más pequeña de la habitual con el fin de que “no baile” el pie en él. El calzado se fija mejor, sin duda, pero al encontrarse tan apretado, la presión que reciben los pies aumenta. Todo eso, provoca la aparición de uñas enterradas, callos, juanetes y dolores en la planta del pie.
Además, cuando se usa calzado con grandes tacones, la columna vertebral se queda estática por mucho tiempo, lo que, a la postre, provoca lordosis (excesiva curvatura del cuerpo), lumbalgias y artrosis vertebral.
Por otra parte, el calzado de piso, tampoco es la solución, ya que, propician calambres, dolores musculares y contracturas por su nula elevación sobre el suelo. Problema común en bailarinas de valet o en adolescentes que, diariamente, utilizan tenis de manta o sneakers, utilizados, en los últimos años, para realizar actividades cotidianas. La misma situación pasa si se abusa de chanclas, huaraches o pantuflas, calzado que, si bien es cómodo, también puede dañar la salud.
Por tal motivo, se recomienda elegir un calzado para diario, con tacón, pero que éste no sea excesivamente alto.
Por otro lado, para probarse calzado nuevo, se recomienda hacerlo después de una jornada laboral o tras haber caminado por un rato, toda vez que, comúnmente, los zapatos se usan con cierta hinchazón en el pie y que, de hacerlo de forma relajada o después de dormir, pude ocasionar que se adquiera calzado ajustado o que con el tiempo cause problemas.
Es por ello que, además de colores, diseños o moda, el calzado se elija respondiendo a las actividades se van a efectuar con ellos, en qué estación del año y qué terreno se va a pisar, la adaptabilidad del material al contorno del pie; igualmente, si la lengüeta, las agujetas o los cinturones del calzado aporten una correcta sujeción y seguridad al caminar. Sin olvidar que el calzado se debe limpiar periódicamente y, sobre todo, mantenerlos seco, lo que ayuda a prevenir los hongos y los problemas de sudoración excesiva y mal olor, sobre todo si se usan para hacer ejercicio, como los tenis.