Grupo 3 Frutas y verduras

Las crucíferas constituyen un alimento remineralizante, cuyo poder nutritivo reside en que son plantas bienales, es decir, que durante el primer año de vida almacena alimentos en sus hojas, tallos o raíces, y florecen o dan semillas durante el segundo. De esta manera, el alimento y la energía almacenados durante el primer año de desarrollo pueden ser aprovechados por el hombre en el siguiente invierno.


El agua constituye entre el 80 y el 90% de su composición, y en ellas se encuentran disueltas las sales minerales y las vitaminas. Estos elementos tienen un papel preponderante en importantes funciones del organismo, como la transmisión de los impulsos nerviosos, el mantenimiento de la presión arterial, el estado tónico de las células de los tejidos, la síntesis de hormonas y enzimas y, sobre todo, la hidratación correcta del organismo.


Sin embargo, este alto contenido de minerales y vitaminas se pierde fácilmente al cocinarlas. Para un consumo adecuado es conveniente no prepararlas hasta el último momento antes de ingerirlas, puesto que perderían la vitamina C y las sales minerales; tampoco deben dejarse nunca en remojo. Lo correcto es lavar las hojas enteras bajo el chorro de agua, cocerlas en poca agua hirviendo. Nunca se deben sumergir en agua fría para cocerlas, sino en agua hirviendo.


En cuanto a las frutas se refiere, la naturaleza ha sido verdaderamente pródiga en colores, formas, aromas y sabores. Pero la intervención del hombre también ha sido fundamental, pues gracias a su curiosidad innata, traducida en viajes de investigación, y a las colonizaciones, muchas especies fueron llevadas desde sus lugares de origen a otras partes del mundo, donde proliferaron.


También ha sido primordial la participación del hombre en la conservación de antiguas especies, en la adaptación de algunas a nuevas tierras y condiciones climáticas, en la mejora de su calidad y en la multiplicación de sus variedades. Debe tenerse en cuenta que, si bien el origen de las frutas en general data de miles de años, en la actualidad hay muchísimas más especies. Valga como ejemplo la manzana, de la cual se cultivan hoy más de dos mil variedades, mientras que en la época romana, según consta en registros históricos, sólo había una veintena.


Las frutas constituyen uno de los alimentos más sanos para el organismo, no sólo por su contenido de vitaminas esenciales sino también porque desempeña ciertas funciones de suma importancia, entre ellas la de alcalinizar la sangre para contrarrestar la acidez excesiva que producen alimentos como los huevos, los cereales y las carnes. Lamentablemente, para transportarlas desde el lugar de origen hasta los mercados de distribución y venta, donde deben estar en condiciones aceptables, por lo común deben ser arrancadas de la planta un poco verdes, con lo cual se pierde parte de sus propiedades y, en algunos casos, mucho de su sabor. Con ellos nos privamos de las principales virtudes que tiene el fruto maduro, recién recolectado.


LOS CÍTRICOS


Frutos de árboles oriundos de Asia, los cítricos se cultivan y consumen hoy en grandes cantidades en muchas partes del mundo. Dentro del orden de su importancia y popularidad, se encuentra, en primer lugar, la naranja dulce, seguida de los limones, las mandarinas y los pomelos. También cabe citar la lima, cítrico muy popular en América, cuyo consumo va ganando adeptos en Europa; es una variedad de limón que se distingue de éste por más pequeña y redonda, can cáscara de color verde intenso y sabor más dulce.
La importancia nutritiva de los cítricos es su alto contenido en vitamina C, así como en el de azúcar -sacarosa, glucosa y fructosa, principalmente- y, en menor grado, de ácidos y sales minerales. Aunque las dosis de azúcares y ácidos que contienen los cítricos varían según la especie de que se trate y las condiciones del cultivo y del clima en que se haya desarrollado la planta, todos tienen un rico contenido en vitamina C.


La forma más fácil y sana de consumir los cítricos es en jugo.


Entre ellos, el de naranja continúa siendo el más popular de los zumos cítricos, seguido del de pomelo, pero no debe descartarse el de mandarina, un poco menos rico en vitamina C, pero muy sabroso y aromático. La cantidad de vitamina C que necesita el organismo diariamente se obtiene bebiendo un poco más de medio vaso de zumo de naranja.

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