A mucha gente le resulta duro ver a sus padres gritándose mutuamente. Ver a tus padres alterados y fuera de control puede confundirte: ¿no se supone que los padres deben ser las personas calmadas, maduras y serenas de la familia? La medida en que te preocupen las discusiones de tus padres dependerá de la frecuencia con que sucedan, la intensidad de las mismas o el hecho de que se produzcan en la intimidad o delante de otras personas.
Es posible que, durante una discusión, te preocupes más por uno de tus padres que por el otro. Es natural preocuparse porque tu mamá o tu papá se pueda sentir especialmente dolido por lo que le ha dicho el otro. O quizás te preocupe que uno de ellos llegue a enfadarse tanto que pueda perder el control. ¿Te preocupa que alguien pueda resultar herido físicamente?
Con todo este estrés mental y emocional añadido es posible que tengas dolor de estómago o que tengas ganas de irte a llorar a tu habitación. Es comprensible que te sientas de ese modo cuando hay conflictos a tu alrededor.
Si las discusiones llegan al punto en que son preocupantes, es posible que te cueste dormir o asistir a clase. En tal caso, trata de hablar con uno de tus padres o con ambos sobre su comportamiento. Tal vez no se hayan dado cuenta de lo mucho que te afectan sus discusiones hasta que se lo digas.
Si conoces a alguien vive en una familia donde las discusiones van demasiado lejos, explícaselo a alguien. Puede ayudarte hablar de ello con otro familiar, un profesor, el psicólogo de tu centro de estudios o cualquier adulto en el que confíes. A veces, cuando discuten, algunos padres pierden tanto el control que se lesionan entre sí o lesionan a otros miembros de la familia. En estos casos, el hecho de informar a alguien al respecto permitirá ayudar y proteger a la familia de las peleas.
Los miembros de una familia pueden aprender a escucharse y a hablar de sus sentimientos y diferencias sin necesidad de gritarse y chillarse. Pueden pedir ayuda para solucionar el problema de las discusiones y peleas familiares a psicólogos y terapeutas. Aunque puede requerir esfuerzo, tiempo y práctica, los miembros de una familia siempre pueden aprender a llevarse mejor.
Familias Sanas y Felices
Si tu familia discute de vez en cuando, intenta no preocuparte: ninguna familia es perfecta. Incluso en el hogar más feliz surgen problemas y la gente discute. Generalmente los miembros implicados exponen abiertamente lo que les preocupa y hablan sobre ello. Con un poco de suerte, podrán llegar a acuerdos o negociar una solución. Entonces todo el mundo se sentirá mejor y la vida podrá volver a la normalidad.
Ser parte de una familia significa arrimar el hombro e intentar hacerle la vida mejor a los demás. Las discusiones suceden y no pasa nada. Con amor, comprensión y un poco de esfuerzo, las familias pueden solucionar casi cualquier problema.
