Escoge un buen momento para hablar con tus padres sobre lo que te preocupa; cuando dispongan de suficiente tiempo para sentarse, con uno de ellos o con ambos, a fin de comentar como te afectará el divorcio. No te preocupes por sumar otra fuente de estrés para tus padres. Es mejor que hables de tus preocupaciones en vez de guardártelas y dejar que se acumulen el miedo o el resentimiento. La mayoría de los problemas tienen solución y existen psicólogos y terapeutas que pueden ayudar a los adolescentes y a sus padres a encontrar esas soluciones.
Descubre tus fortalezas.
¿Cómo manejas el estrés? ¿Te enojas y te desquitas con tus hermanos, amigos o con ti mismo? ¿O tienes una personalidad más conformista y piensas primero en los demás? ¿Tiendes a evitar los conflictos de plano esperando que los problemas desaparezcan mágicamente? Un evento que implica cambios de vida, como un divorcio, puede implicar momentos difíciles, pero también puede ayudar a descubrir los puntos fuertes de las personas y ayudarlas a desarrollar habilidades para enfrentar situaciones complejas. Por ejemplo, ¿cómo puedes enfrentar el hecho de que un padre hable mal del otro? A veces, puede resultar útil quedarse callado hasta que haya pasado el momento de enojo para hablar más tarde con calma sobre el tema. Tal vez, desees decirles que tienes derecho a amar a ambos, sin importar lo que ellos sientan el uno por el otro.
Si necesitas ayuda para descubrir tus puntos fuertes o para aprender a afrontar la situación, pídela (tal vez puedas acudir a tu tía favorita o a un consejero escolar). Y si te resulta difícil confrontar a tus padres, intenta escribirles una carta. Tienes que averiguar qué es lo mejor en tu caso.
Vivir tu vida.
En ocasiones, durante el divorcio los padres están tan ensimismados en sus propios problemas que puede parecer que tu vida está en suspenso. Además de centrarte en tus planes y sueños, asegúrate de participar en todas las actividades que practicas habitualmente. Cuando hay muchos cambios en casa, realmente ayuda seguir manteniendo algunas rutinas fuera de casa, como las actividades escolares y los amigos. Si la situación en tu casa es demasiado complicada, tal vez puedas quedarte en la casa de un amigo o de un pariente hasta que todo se calme. Cuídate comiendo bien y haciendo ejercicio con regularidad: ¡son dos magníficas formas de hacer frente al estrés!
Dejarte ayudar.
Habla de tus sentimientos sobre el divorcio con alguien en quién confíes. Si te sientes bajo de ánimos o disgustado, deja que te ayuden tus amigos y familiares. Estos sentimientos suelen pasar. Si no es así, y estás muy deprimido o estresado, o si te resulta difícil concentrarte en tus actividades habituales, pide ayuda a un psicólogo o terapeuta. Tus padres, el psicólogo escolar de tu centro educativo, tu médico u otro profesional de la salud pueden ayudarte a buscar uno. Además, hay muchos centros y asociaciones educativas y sanitarias que organizan grupos de apoyo para niños y adolescentes cuyos padres se han divorciado. Puede serte de gran ayuda hablar con otros chicos de tu edad que estén pasando por una experiencia similar a la tuya.
VER EL LADO POSITIVO
Siempre habrá altibajos en el proceso, pero los adolescentes pueden afrontar con éxito el divorcio de sus padres y los cambios que esto implica. Incluso, es posible que descubras inesperadamente cosas positivas. Muchos adolescentes acaban descubriendo que, en el fondo, sus padres son más felices después de divorciarse o desarrollan nuevas y mejores formas de relacionarse con sus progenitores al pasar más tiempo con cada uno con ellos por separado.
Algunos adolescentes se vuelven más compasivos y amables con sus hermanos menores cuando ven que estos necesitan su apoyo y atención. Es posible que los hermanos de edades similares refuercen su vínculo afectivo y aprendan a contar más el uno con el otro al hacer frente juntos a los desafíos planteados por el divorcio de sus padres. Superar el divorcio de los padres también puede mejorar la seguridad en uno mismo y aportar más madurez. Algunos adolescentes se vuelven más responsables, aprenden a resolver mejor los problemas, a escuchar más a los demás y a ser mejores amigos. Al mirar hacia atrás, muchas personas aseguran que descubrieron aptitudes desconocidas que les permitieron afrontar situaciones complejas y que se sienten más fuertes y más resistentes como resultado de lo vivido.
Se han hecho muchas películas sobre el tema del divorcio y los padrastros; algunas tienen finales felices y otras no. En la vida real ocurre lo mismo. Sin embargo, la mayoría de los adolescentes que atraviesan un divorcio se dan cuenta –a veces para su sorpresa– de que son capaces de superar con éxito esta situación tan difícil. Darte tiempo, dejarte ayudar en el proceso y no perder de vista las cosas buenas de tu vida pueden marcar la diferencia.
