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Tal parece que la “Fe no sólo mueve montañas”, también acomoda la salud

Mucha gente está totalmente convencida de que la frase “la fe mueve montañas” es totalmente cierta, mientras que otros la engloban en una metáfora sin aplicación práctica. Sin embargo, cada vez existen más evidencias de que una vida espiritual rica tiene un importante impacto positivo en la salud física y psicológica de todo aquel que busca en la idea de un Dios o camino espiritual, la ayuda necesaria para completar los esfuerzos de la medicina y tratar diversas enfermedades.

Lo cual, no significa que estrictamente se necesite ser seguidor de una religión concreta, ya que la espiritualidad se entiende como el convencimiento profundo de que la existencia tiene un valor y un sentido más allá de lo que, físicamente, se conoce y percibe y, a su vez, complementa al cuerpo en función de un equilibrio saludable para ambos.

Se pueden enumerar varios fenómenos sociales que, hoy en día, la ciencia moderna puede calificar, psicológicamente hablando, de forma negativa para la salud mental de los individuos: guerras, suicidios, crisis financieras, urbanidad, estrés laboral, falta de trabajo, etcétera; todos estos hechos, explican psicólogos y especialistas en el tema, orillan a que un sin fin de personas, en el mundo, busquen otros caminos y actividades que equilibran y ayudan a recuperar la estabilidad emocional y mental perdida durante el acontecer diario. Y en Doctor Web nos atañe la salud que estas prácticas religiosas y espirituales traen al individuo.

Mismas que, aseguran César Mureddu Torres  y Rosa Romero Zertuche, investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana en México, pueden ir desde la extrema finura de conciencia de una persona que siempre intenta seguir los dictados de su convicción religiosa, hasta aquellas otras manifestaciones que tienden al fanatismo, pasando por folklorismos o tradiciones populares de todo tipo.

Varios autores han documentado los beneficios a la salud que, tener una creencia religiosa, puede ocasionar a las personas; estos, incluyen la recuperación más rápida en estados de convalecencia post-operatoria, presión arterial más baja, un sistema inmunológico más fuerte, autoestima alta y, por consiguiente, una expectativa de vida más larga.

La calidad de vida de los pacientes con cáncer terminal mejora considerablemente cuando se satisfacen sus demandas espirituales en el momento de enfrentarse al umbral de la muerte.

En ese sentido, un equipo de investigadores, entre psicólogos y oncólogos, del Centro de Cáncer Memorial Sloam Kettering de Nueva York, comprobó que la calidad de vida de los pacientes con cáncer terminal mejora considerablemente cuando se satisfacen sus demandas espirituales en el momento de enfrentarse al umbral de la muerte.

En realidad, el estudio publicado por la revista The Lancet, demostró que lo que realmente reconforta la salud mental de los pacientes fue alcanzar un estado de armonía y paz interiores, independientemente del camino que hayan elegido para obtenerlas, de la fe que practicaran o del Dios en el que creyeran.

Desde enfermedades consideradas puramente biológicas como el VIH/SIDA o el reumatismo hasta otras con un claro componente psicológico como el alcoholismo o la drogadicción o las tendencias suicidas están bajo el influjo del bienestar espiritual del individuo. Eliezer Schnall, profesor clínico de psicología de la Universidad Yeshiva de la Ciudad de Nueva York, aseguró, tras realizar un estudio a un total 95.000 mujeres de todo Estados Unidos, donde determinó que "asistir semanalmente a servicios religiosos, sin importar la denominación religiosa, podría reducir el riesgo de muerte en veinte por ciento en comparación con las personas que no asisten a tales servicios".

Las  mujeres voluntarias para someterse al estudio tenían entre 50 y 79 años, al comienzo de todo el proceso de investigación y, a cada una,  se le dio un seguimiento clínico anualmente, a lo largo de casi 8 años; Shanall aclara que, si bien la espiritualidad no es una “fórmula mágica” para alcanzar la salud, su equipo de trabajo observó que,  “las personas se deprimen menos cuando asisten a servicios religiosos", poniendo en su mente pensamientos positivos, basados en la esperanza de una vida mejor o, por menos, la creencia de que en todo momento pueden contar con alguien que los acompañe en sus problemas y enfermedades propias de la edad”.

Hipótesis que, a su vez, refirmaron Christopher Scheitle y Amy Adamczyk en un estudio realizado por su parte, en la Universidad Estatal Penn de Estados Unidos, cuando lograron comprobar que las personas que pertenecen a grupos religiosos conservan mejor la salud ya que, además del desahogo emocional que esto implica, tras la liberación de adrenalina y demás sustancias que fomentan la actividad cerebral, los motivan a abandonar malos hábitos, como el alcoholismo, el tabaquismo o las relaciones extramaritales, frenando las posibilidades de contraer asimismo, alguna enfermedad de transmisión sexual.

Y, para demostrar que el vínculo entre salud y espiritualidad es un hecho tomado en cuenta por la medicina moderna, como aliciente emocional de los pacientes en condiciones precarias de salud o, simplemente, como un motivo más para conservarla, cabe mencionar que las facultades de medicina de diversas universidades estudian este fenómeno, por ejemplo, la Universidad Duke, en Estados Unidos, tiene un centro especializado para ello; igualmente, en Harvard, se les enseña a sus médicos sobre la espiritualidad y la salud en el campo de la medicina, caso que se repite en la Universidad de Columbia.

Así, la salud atendida y procurada de manera integral, es decir, atendiendo las necesidades físicas de buena alimentación, descanso, ejercicio, cuidado y visitas de rutina y control con el médico; complementado con un trabajo o búsqueda espiritual que lo complemente, es como mayormente se ve beneficiada.

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